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Europa 2020

1. Introducción

Europa 2020, una perspectiva general

La Unión Europea pretender establecer las pautas para un nuevo curso económico durante la próxima década con el lanzamiento de Europa 2020, un plan de 10 años de duración para impulsar el empleo y el crecimiento aprobado por dirigentes de la UE en junio de 2010. La estrategia es anunciada como un plan para lograr un «crecimiento inteligente, sostenible e integrador» que hará especial énfasis en las reformas estructurales y financieras, así como la gobernanza económica.

Europa 2020 sustituye a la Estrategia de Lisboa, otro plan económico de diez años de duración iniciado en 2000, y que ha fracasado en gran medida en cuanto al logro de su objetivo de transformar a la UE en la «economía más competitiva, dinámica y basada en el conocimiento del mundo». Llega en un momento especialmente importante, justo cuando la UE trata de salir de las ruinas de la crisis económica mundial iniciada en 2008. En todo el bloque el PIB ha disminuido en un 4% en 2009, se han perdido aproximadamente 4 millones de puestos de trabajo y la deuda pública ha ascendido a niveles sin precedentes. Se espera que la recuperación sea variable y frágil.

Este periodo de penumbra económica tiene lugar justo cuando la UE lidia con varios impresionantes retos, como el rápido envejecimiento de la población, temores ante el suministro energético y el cambio climático. Coincide además con importantes cambios en el orden económico mundial, entre los que destaca especialmente el ascenso de economías emergentes altamente competitivas como China. Un informe de 2009 financiado a través del Séptimo Programa Marco de investigación de la UE prevé que los países asiáticos puedan superar a la UE en investigación e innovación durante las dos próximas décadas. Es, por tanto, crucial la necesidad de un plan de actuación sólido que saque al bloque del bache en el que se encuentra y lo impulse hacia un crecimiento sostenible.

Europa 2020 gira en torno a 10 directrices integradas: garantizar unas finanzas públicas viables; abordar los desequilibrios macroeconómicos; reducir los desequilibrios dentro de la zona del euro; impulsar la economía digital; mejorar la utilización eficiente de los recursos y reducir los gases de efecto invernadero; modernizar la base industrial; incrementar la participación del mercado laboral; crear una mano de obra cualificada; mejorar la educación; y promover la inclusión social.

Cuenta con cinco objetivos de gran dificultad: incrementar la tasa de participación del mercado laboral, aumentar la inversión en investigación y desarrollo, abordar los problemas del cambio climático y el suministro energético, mejorar la educación y sacar a millones de personas de la pobreza.

Plus ça change: ¿volvemos a Lisboa?

No es extraño que los escépticos tengan una cierta sensación de déjà-vu. Europa 2020 es, desde el punto de vista semántico, muy similar a la Estrategia de Lisboa y aboga por una «unión por la innovación» que aborde los principales problemas del bloque en materia de salud, medio ambiente y recursos. Incluso los objetivos de investigación son los mismos, donde el bloque pretende destinar el equivalente al 3% de su producto interior bruto (PIB) a la investigación y desarrollo para 2020.

No hay muchas dudas respecto al fracaso de la Estrategia de Lisboa, criticada a menudo por ser demasiado ambiciosa y poco realista. En estos años ha sido blanco fácil de las críticas, debido en gran parte a que los únicos medios con los que contaba para lograr sus objetivos eran el control de grupo y la evaluación comparativa, el llamado método abierto de coordinación, cuestión planteada por el presidente español, [José Luis Rodriguez Zapatero](http://www.la-moncloa.es/Presidente/index.htm, en enero de 2010. Sin musculatura legal y con escaso apoyo político por parte de los Estados miembros, parece haber estado condenada a la mediocridad desde sus inicios.

La Estrategia de Lisboa no logró varios de sus objetivos autoimpuestos. Por ejemplo, solo dos países (Suecia y Finlandia) lograron cumplir el objetivo del 3% para investigación y desarrollo, mientras el bloque completo de 27 miembros destinó el 1,9% de su PIB en comparación con el 2,76% de Estados Unidos y el 3,44% de Japón. Al mismo tiempo merece la pena considerar que la estrategia habría centrado la atención de los legisladores en las reformas y habría ayudado a canalizar más fondos públicos para la investigación. La reciente crisis económica habría, asimismo, invertido el progreso logrado por algunos países.

Dos años después de que comenzara la crisis económica que aún azota salvajemente a varios Estados miembros acribillados por las deudas, es obvio que la UE no puede permitirse una segunda década perdida. Si queremos evitar que Europa 2020 corra la misma suerte que su predecesora, necesitará medios legales para acometer sus objetivos de amplio alcance, ya sea en forma de imposición de multas u oferta de incentivos. El lanzamiento de la estrategia ha desencadenado un tira y afloja sobre el papel de la Comisión Europea en su puesta en práctica: en otras palabras, el poder con el que debe contar el ejecutivo para obligar a los Estados miembros a cumplir los objetivos.

Debate sobre gobernanza

Se ha depositado una gran esperanza en Europa 2020, el eje del segundo mandato de José Manuel Barroso como presidente de la Comisión. Pero, mientras los Estados miembros preparan sus programas nacionales de reforma para su adopción a finales de 2010, no hay muchas indicaciones sobre si la estrategia tendrá más peso legal que su predecesora.

Se trata de una cuestión espinosa que ha desencadenado un intenso debate entre los Estados miembros y las instituciones de la UE. Una de las principales cuestiones se refiere a si Europa 2020 debe basarse en el intergubernamentalismo (como fue el caso de la Estrategia de Lisboa) o si debe otorgarse poderes a la Comisión para supervisar las reformas en virtud del llamado método comunitario.

Las propuestas de la Comisión, publicadas en marzo, parecen inclinarse hacia el primer planteamiento, un movimiento que ha provocado la reacción del Parlamento Europeo. El grupo liberal del Parlamento (ALDE) ha prometido bloquear elementos de Europa 2020 a menos que el planteamiento se refuerce de manera sustancial. Los socialistas y demócratas del Parlamento podrían apoyar la petición.

En la primera mitad de 2010 la presidencia española de la UE propuso la idea de introducir sanciones e incentivos, pero no quedó reflejada en las propuestas de la Comisión. El líder de ALDE Guy Verhofstadt, anterior primer ministro de Bélgica, continúa abogando por la técnica del «palo y la zanahoria», donde se concedan fondos estructurales adicionales a los países que consigan resultados y se realicen recorten en aquellos que yerren el tiro.

Las finanzas públicas también han resultado ser una cuestión controvertida, en especial dada la urgencia de los problemas de deuda a los que se enfrentan diversos países, como Grecia e Italia. Varios Estados miembros, como Alemania, han mostrado recelo sobre los planes para inspeccionar las finanzas públicas conjuntamente con los programas nacionales de reforma en los más altos niveles de gobernanza de la UE, tal y como recomendó Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, en febrero de 2010.

La Comisión ha señalado que el Tratado de Lisboa permitirá que los Estados miembros mejoren su desempeño deficiente. En virtud del artículo 121.4 del tratado (en vigor desde diciembre de 2009), el ejecutivo tiene facultad para realizar advertencias y recomendaciones políticas a los Estados miembros que no cumplan los objetivos económicos acordados en la UE. Está por ver si realmente utiliza este «palo».

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